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sábado, 11 de enero de 2014

ALIMENTO ESPIRITUAL

Es claro que una nutrición balanceada es importante para nuestros cuerpos físicos. Las dietas, vitaminas, rutinas de ejercicios nos mantiene saludables. Pero, ¿que hay del Alimento Espiritual?
Tal y como es necesario mantenemos en un buen estado de salud física, es mucho más necesario aún mantenemos saludables espiritualmente. Muchas cosas espirituales tienen su paralelo en las físicas. Así como nuestro cuerpo padece de hambre y sed, también nuestras almas. Pero nuestras almas necesitan agua y alimentos espirituales. No privamos a nuestros cuerpos de comida y agua cuando sentimos hambre y sed. ¿Por qué lo hacemos con nuestras almas? ¿ Por que lo hacemos con esa parte de nosotros que es la fuente de vida y nos mantiene de pie? Cuando tenemos hambre y sed, buscamos la manera de satisfacer esa necesidad. Lo interesante es que los síntomas de hambre espiritual quizás no conlleva los mismos síntomas de hambre física. Los síntomas de hambre espiritual son: coraje, miedo, preocupación, odio, envidia, mentira, desesperación, inseguridad y muchos otros más. Y, ¿Como podemos alimentar el alma para no sentir estos tan dañinos síntomas? La única respuesta verdadera es que cuando comenzamos a estudiar la Palabra de Dios estamos frente a la fuente de alimento para el alma. La Palabra viviente, Jesucristo, y la Palabra escrita, Las Sagradas Escrituras pueden satisfacer el hambre y la sed espiritual.
Veamos una conversación el el libro de Juan capítulo 4. v  31-32 cuando los discípulos de Jesús le rogaban que comiera un alimento físico.
Juan, 4:31 - «Entre tanto los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come».
Juan, 4:32 - Y Él les dijo: «Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis».
Después más adelante Jesús les dice en el versículo 34.
Juan, 4:34 - «Les dice Jesús: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra».
La «comida» que Jesús de refiere es el alimento espiritual. Tenemos que incluir más el estudio de Su Palabra de Vida, elevar oraciones al cielo, y asistir a su templo. No sólo eso. También nos alimentamos haciendo la voluntad de Dios y ayudando a que la obra de salvación se lleve a cabo para con otras personas. ¿Acaso no te sientes bien cuando ayudas a un desvalido, cuando das de comer al hambriento o algo de beber al sediento y das un buen consejo a un amigo?  Cuando te sientas con hambre o sed y te sientes a comer y a beber no olvides de alimentar también tu alma. No sólo nos alimentamos de los alimentos que ingerimos, sino también con lo que damos en nombre de Dios. Lindo sábado y buen fin de semana en nombre de Dios!